martes, 9 de julio de 2013

Pizarnik

Me duele funestamente el corazón. Tanta soledad tanto deseo. Y la familia rondándome, pesándome con su horrible carga de problemas cotidianos. Pero no los veo. Es como si no existieran. Siento, cuando se me acercan, una aproximación de sombras fastidiosas. En verdad, casi todos los seres me fastidian. Quiero llorar. Lo hago. Lloro porque no hay seres mágicos. Mi ser no tiembla ante ningún nombre ni ninguna mirada. Todo es posible y sin sentido.

jueves, 27 de junio de 2013

Not enough

Acabo de esconderlo y esta vez de verdad.
Que sí, que lo he escondido antes de que alguien pudiera matar el encanto del secreto.
Ahora es sólo mio, lo he acaparado.

El caso es que sé que si lo dejo a la vista de todos, si me dejo llevar, si fluyo por una puta vez en mi vida, chocaré contra algo, me romperé la nariz, los labios, los dientes... sangraré, lloraré y de todo eso, de todo, sólo me importa lo último.

El dolor físico lo soporto, sabes que puedo con él.

Que sí, que soy una maricona quejica pero sólo porque tú me aguantas, porque se te da bien mandarme a la mierda y me encanta que lo hagas, me encanta que pongas los ojos en blanco, suspires y me tortures, me encanta que creas que soy tan jodidamente cursi, tan tontamente estúpida, tan estúpidamente tonta.

Sabes que una vez que caigo no puedo parar hasta llorar y que, una vez que lo hago, lloro sin parar.
Sabes que huir es una de mis especialidades y que no sé cómo dejar de hacerlo.
Sabes que cuando mejor estoy me echo a correr, como el que desata sus castillos en el aire y los ve volar, largarse, desde abajo.
Sabes... sabes... que no sé lo que quiero, joder, no tengo ni puta idea.

Sé que no quiero caer y joderme el culo, no es que lo vaya a echar de menos es que... terminaré llorando.

Sé lo que no quiero y eso...

Eso no es suficiente.

¿Y bien?

Lo he decidido.

Por fin he decidido borrarlo, obviarlo, hacer como que no pasó.
Sacarlo de mi mente, prescindir de él. He decidido enterrarlo, quemarlo y tirar las cenizas. Lo tengo claro, sé que está fuera de mi alcance y que aún estándolo no me atrevería a agarrarlo.

Lo veré ir y me dedicaré a ver cómo flota.

Me inventaré cualquier excusa para no ir a por él, me creeré mis propias mentiras y luego sonreiré. Algo por dentro se marchitará pero ya me he acostumbrado a ese sentir y creo que forma parte de mí. 

No le presto atención porque estoy segura de que eso es lo que debe pasar. Estaba segura desde antes de que pasara, creía que alguna fuerza sobrenatural hacía que todo final fuese así, una copia de lo anterior.
No abro los ojos, no quiero hacerlo. No quiero darme cuenta de que yo soy esa fuerza y que yo soy la culpable de esa pérdida.
No quiero darme cuenta de que mi vida está en mis manos. 
Me paso la vida esperando al momento adecuado, a estar segura antes de dar el paso.
Intento cambiar mi filosofía, me autoconvenzo de lo contrario diciéndolo en voz alta y vuelvo a sonreír.
Soy sincera con el mundo e hipócrita conmigo misma.

El árbol del ahorcado

“¿Vas, vas a volver
al árbol en el que colgaron
a un hombre por matar a tres?
Cosas extrañas pasaron en él,
no mas extraño sería
en el árbol del ahorcado reunirnos al anochecer.
¿Vas, vas a volver
al árbol donde el hombre muerto
pidió a su amor huir con el?
Cosas extrañas pasaron en él,
no mas extraño sería
en el árbol del ahorcado reunirnos al anochecer.

¿Vas, vas a volver
al árbol donde te pedí huir
y en libertad juntos correr?
Cosas extrañas pasaron en él,
no mas extraño sería
en el árbol del ahorcado reunirnos al anochecer.

¿Vas, vas a volver
al árbol con un collar de cuerda
para conmigo pender?
Cosas extrañas pasaron en él,
no mas extraño sería
en el árbol del ahorcado reunirnos al anochecer.”

Senos reventados

Tengo el cráneo repleto de música que aprisiona con furia y rabia mi dañado y contaminado cerebro. Doctor, tenga usted caridad, haga el favor de abandonar por un instante su función de meteorólogo de la salud; no me haga saber el nombre de mi molesta compañía mental, de mi afección, deso que llamará enfermedad; quite, extirpe, ampute. Dejo a su elección cómo usar lo que me desechen, asqueándose todos ya.
Oiga, cuando pueda, inyécteme respuestas a cómo será posible el mute sin mutación. Silencie, maldita sea ya. Pero ya. No sé qué, le digo, qué pretende, le repito, oiga, cuando pueda, inyécteme respuestas a cómo será posible el mute sin mutación. Ah, calle Acepto Placebos de Aquino en Vena. Apunte, claro. Y acierte, porque tolero poco su química encapsulada y no disfruto con sus fichas, a ingerir, recetadas, pero, e imploro, ayúdeme a huir destos absurdos ritmos que manejan mi actual colapso.

Y, eso, sí, eso mismo, me anima. Me versiona, me viene incluso bien, que dirían. Oh, oh, qué gustito y estupideza me da su desnutrida esencia. Qué bordes. Qué cosica.

Observe lo desnivelado.

Tase lo recién parido.

Qué pausacelerón lleva, ¿verdad que qué? Claro que atenta.
Eso mismo, me arrima. ¿Se pierde? No lo haga. Ni tampoco ni el favor de abandonar por un instante su función de meteorólogo de la salud, ni, y por supuesto añado ni, ni me haga saber, decía, el nombre de mi deso que ampute. Por aclarar se lo digo.
Escoja artilugio arrojadizo. Haga como que sale. Rápido, fuera de la habitación. ¡Pida permiso, valiente! Apisónese, equivóquese sin olvidarse de los edulcorantes sin colorante y sin antigüedad dada, de edad, de edad dada, de dadadás sin nadar con dignidad; bucee, tremendo aleteo dé, desoriéntese y póngase en pie para saludar ante quien haga como que sale a pedir permiso para hacer como que sale. Cháfese sin tanto sigilo, pero con más olvidos concertados en el rechazable horizonte de lo inadmisible, correteando con los dedos sobre la tendencia estirada del ocio puro. Será peor, pero se irá, lo sé, eso sí. Eso mismo, me animaliza. Bestia salvaje de irresponsabilidades, de hedor respetable y de fracturas rezumando contra esas ardillas planeando aterrizar en un seco racimo de fregonas, usadas, desde ahora, como cobijo que induce a empalar mochos al animal sin tensor de oscilación que buitrea escandalosamente a expensas de seguir una desconocida dirección.

Doctor, haga como que ha habido disculpas. Sea buen ser y mejor profesional del qué tendrá. Veo batas blancas como lienzos para pinceles vertebrados. Me apneo. Me faltaire. Y me meo. Psss, psss. Pssh, pssh, pshh... ¡Pché! Como un elefantembutido en el aspecto de un caballobeso, sin poder saltarse la parte menos entretenida de brincar y competir, contra sus coetáneos equinos, a comprobar quién tira más objetos sin caerse, ya que cuando fue legal, para la puntuación de su clasificación, algunos se tiraban, sin pensar en sus jinetes como algo que luego nada tiene que ver una cosa con la otra, porque se tiraban sin pensar en sus jinetes más que como algo que luego nada tiene que ver. Una cosa... ¿quién ganaba? Siempre el que, a los ojos del público humano, más tirara. Venga a subcompetir, venga, venga. Y venga a asimilar que el subcampeón era el campeón y el subcampeón del subcampeonato sería, por lo menos, una putada. Como la del rugir colectivo del tablón de anuncios amarillos, despreciados con potencia. Con fantástica corpulencia. Con erguidas procedencias. Con la inevitable inercia. Como la de la respiración de la madera negra, prendida de presencia, perdida entre impostores señores embarazados, prendidos de presencia perdida, ardida de gravedad por las ardillas empapadas en el famoso rezume, inflamable él y, cómo no, su endurecido cerumen.
Higienícese.
Mójese, doctor. Dispóngase a deformar. Esculpa un mínimo bienestar con larena de la playa de mis conexiones. Cuídese de la enfurecida brisa. No me disguste y finja todo su estrés. Deje de interrogar a la situación, cumpla su cometido y tire tantas millas como centímetros haya en la rectitud de su especular cubículo, el de su espectáculo de antológico ridículo.

Que lo haga. Ridiculícese mientras pueda ser consciente destar haciéndolo. Doctor, le aconsejo proseguir desnudando sus pechos ante los ofendidos rayos del mismísimo sol, del mismísimo que los oscurece con tal de que cierto satélite no haya de soportarlos. No habrá diagnóstico. Pero, recuerde: aconsejable viene siendo no aconsejar de más. Y sí, está bien, la próxima vez le contaré una mentira comprensible en lugar de una verdad caótico-apocalíptica con tono de festival de mediocridad desbocada.

¡Y no hay de qué!

Quítame la desgana

Guíame hasta ese momento.
Llévame hasta tus pensamientos.
Prometo cerrar los ojos, no memorizaré el camino.
Me conformo con pasar un instante entre tus pensamientos más distantes.
Enséñame tus gustos, tus creencias ocultas.

Después podrás pasarte por mi cabeza y juzgar mis rarezas.
Mis sueños no son más que meros pasatiempos, lugares donde esconder el aburrimiento.
No estoy segura de que pueda aportarte algo pero no está de más comprobarlo.

Compartamos nuestros oasis, quizá al hacerlo lleguemos a tocarlos, sentirlos o creer que podemos conseguirlos.

Conozcámonos partiendo de cero.
Contemos hasta 10 y si por entonces no hemos conseguido lo necesario para seguir hasta 20 podemos retroceder, hacer como si ningún turista hubiese pasado por nuestra cabeza. Si por el contrario conseguimos engancharnos algo habremos ganado.
No hay garantías de ganancias constantes... es ahí donde reside lo interesante.

Se me fue la cabeza

Los topos bucean en el helado de vainilla refinada en ácido sulfúrico de la cueva de la valle del calvo feliz porque no llevaban el cinturon, ¿tienes un boli a mano? Es divertido levantarse de la silla, dar 2 vueltas, pegar un salto, hacer una defensa de boxeo, poner las manos en la cabeza, sentarse,acercar la cabeza al ordenador y decir "un mosquito".Entonces y sólo entonces los arenques podrán vivir en paz sin pagar el alquiler porque el Sol no sale por el oeste.Si le echas un pulso al ratón, te gana, a no ser que la mahones esté fresca.Dejar la bebida no es malo, lo malo es no saber dónde esta la colada.

¡Cuidado radioactivoman!¡La senda es peligrosa!¡No te apartes de las aceras, los cocodrilos acechan en las entrañas de la tierra!¡Escucha lo que te voy a gritar ayer!¡No se ni lo que digo!¡Raruto está haciendo fotocopias a un pez para no comer gusanos!¡Su madre se come una sardina entera con salsa de soja podrida!Me estoy quedando afónica de tanto gritar!¡AHHHHHHHHHHHHHHH!¡ME MUERO, PERO DE PASO QUIERO UNA HAMBURGUESA!

Además de la motosierra cortante,tenemos corteza de guisante,con la que sacaremos fruta usando el desconjugador verbal no refrescante en verano,pero sí en invierno,cuando viene jesús y sus clones y reparten regalos y hostias indefinidamente rápido contra los trineos de papá noel y el hechizo de simón simonero con patatas sofocantes de carne grasienta y limpia,que le quitará las arrugas a Doña Perfecta y se le inchará la cabeza hasta el tamaño de un zeppelin y luego se colapsará y estallará como una supernova arrasando estados unidos y medio millón de filipinos andantes comiendo bollicao de cacao secreto ,ocultado por la mafia para incrementar la producción de cacahuetes estériles lunares de alumínio barato mas resistente que el acero mojado con gaseosa sacrílega;esa que hace volar a los pingüínos chatos y a los clones de Bill Gates armados con peonzas gigantes del tamaño de la sede de avestruces kamikaze o sea,el culo de mi reloj con botas trinchantes de pepinillos pensantes,descubridores de que la gente podía pensar sin temor a ahogarse en el suelo gelatinoso de fresa líquida espacial.